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En aquellos tiempos Bariloche era un
pueblo de unos 4000 habitantes (hoy más de 100.000), con un
entorno natural imponente
que cautivó a la familia Razza. Se establecieron en una zona
donde había quintas rodeadas por cipreses y huellas. Fue allí
donde nació Cerámica Bariloche.
En el año treinta Luis Razza (nacido en
el 1900) había partido del noreste de Italia (Trieste),
tierra de mar y montañas. Y luego de algunos años de fecundo
trabajo en Buenos Aires eligió a Bariloche como su nueva
tierra. Aquí se asentó junto a Ana María (nacida en Rimini,
Italia), su esposa y
su hijo, con entusiasmo y esperanza a trabajar por el futuro.
Se inspiraron en la belleza del lugar
para dar vida a formas y decorados. El ambiente natural que
rodea al Parque Nacional, con sus increíbles cielos azules,
sus lagos transparentes, sus infinitos verdes cambiantes más
la alegría de sus flores, mantiene siempre viva la
creatividad de Cerámica Bariloche.
Cada nuevo diseño es luego realizado a
mano sobre las piezas, en una atmósfera serena y amable donde
se respira el mágico espíritu de la naturaleza. Cerámica
Bariloche ha sido una fuente generadora de empleo,
respetuosa tanto de las leyes como de la dignidad personal de
cada uno de sus artesanos. Entre todos dieron forma a la fábrica,
trabajando con dedicación y esmero por la calidad de cada
pieza y por la calidez humana del ambiente de trabajo.
Como se puede apreciar en nuestro sitio,
todo nuestro trabajo tiene una marcada raíz en la mayólica
italiana debido obviamente al origen de los fundadores, de
todos modos con el transcurrir de los años hemos ido
personalizando nuestro carácter, para convertirlo hoy en día
no solo en propio y tradicional sino en Patrimonio Cultural de
San Carlos de Bariloche. Hemos sido declarados de interés
Municipal y Provincial.
El logo de la empresa es una “Alabarda”,
símbolo histórico de la ciudad de Trieste, ciudad natal de
Don Luis Razza. Nuestra Alabarda es hoy también parte de la
Patagonia, a la que trajo la fuerza emprendedora de su
significado original.
Este ha sido el secreto de una tradición
ceramista que ya suma más de medio siglo y que hoy
enorgullece a Bariloche.
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